Cuidados del agua para prevenir infecciones cutáneas y oculares

Cuidados del agua para prevenir infecciones cutáneas y oculares

Garantizar una piscina segura en verano no depende únicamente de que el agua se vea limpia. Muchos microorganismos no son visibles a simple vista y pueden proliferar rápidamente si no se controlan correctamente los parámetros químicos y las condiciones de higiene.


Por qué aumentan los riesgos sanitarios en verano

En los meses de calor, el agua de la piscina alcanza temperaturas más elevadas, lo que favorece la multiplicación de bacterias, hongos y algas. A esto se suma una mayor carga orgánica: sudor, cremas solares, restos de maquillaje, células de la piel y otros contaminantes que ingresan al agua con cada baño.

El uso intensivo también exige que los sistemas de filtración y desinfección trabajen de manera constante. Cuando estos no están bien dimensionados o mantenidos, el equilibrio del agua se altera rápidamente, generando un entorno propicio para infecciones cutáneas, otitis externas, conjuntivitis e irritaciones en ojos y mucosas.


Infecciones cutáneas más frecuentes en piscinas

Las afecciones de la piel asociadas a piscinas mal mantenidas suelen manifestarse como enrojecimiento, picazón, erupciones o pequeñas lesiones. Entre las más comunes se encuentran las dermatitis por contacto, causadas tanto por microorganismos como por un desequilibrio químico del agua.

El exceso de cloro o un pH fuera de rango puede resecar la piel y debilitar su barrera natural, facilitando la aparición de irritaciones. Por otro lado, niveles bajos de desinfectante permiten el desarrollo de bacterias y hongos que pueden provocar infecciones, especialmente en personas con heridas pequeñas o piel sensible.


Problemas oculares y cómo prevenirlos

Los ojos son especialmente sensibles a la calidad del agua. Ardor, enrojecimiento y visión borrosa suelen asociarse a piscinas con un pH incorrecto o con presencia de cloraminas, compuestos que se generan cuando el cloro reacciona con materia orgánica.

Contrario a la creencia popular, el olor fuerte a cloro no indica un agua bien desinfectada, sino la presencia de estas cloraminas, que son altamente irritantes para los ojos y las vías respiratorias. Una correcta ventilación en piscinas cubiertas y tratamientos de choque periódicos ayudan a eliminarlas y a mantener un ambiente más saludable.


Claves para mantener el agua saludable en verano

Uno de los pilares del cuidado sanitario es el control frecuente de los parámetros químicos. Durante el verano, se recomienda medir el agua al menos tres veces por semana, o incluso a diario en piscinas de uso intensivo.

El pH debe mantenerse entre 7,2 y 7,6 para evitar irritaciones y asegurar la eficacia del desinfectante. El nivel de cloro libre debe situarse entre 1 y 3 ppm, ajustándose según la temperatura y la cantidad de bañistas. La alcalinidad total y la dureza del calcio también deben estar dentro de los rangos recomendados para evitar inestabilidad química.

La filtración cumple un rol central en la prevención de infecciones. En verano, el sistema debería funcionar entre 8 y 12 horas diarias, asegurando que el agua se recircule y se depure correctamente. Los filtros deben limpiarse con mayor frecuencia para evitar la acumulación de residuos que reduzcan su eficiencia.